Recuerdo mi amado hijo mayor

A nuestro amado hijo mayor, siguiente entrega del libro Mi amiga La Muerte de Kathy Piazzolla, sigamos disfrutando de la lectura.

Esta es la primera parte del texto.

Luego veremos ¿Hay vida después de la muerte? y Evolución y polaridad.mi amiga la muerte ocaso

A nuestro amado hijo mayor

Néstor Abel.
Hoy, junio 28 de 2002, siendo las 14 hs. y 17 minutos recuerdo que hace 41 años aún no sabía que dos minutos más tarde sentiría la primer contracción de ese primer parto que se anunciaba. Al percatarme del mismo, le dije a Doña Esther, mi suegra, “parece que va a nacer Nestitor!” Y ella preguntó “¿Y cómo te das cuenta?”
Le contesté,

En 18 años años que tengo, jamás sentí un dolor así

Le describí lo que me ocurría, y como si fuera hoy recuerdo que dijo algo como, “bueno, quedate tranquila, ya sé que vos tenés el bolso listo, yo enseguida me arreglo”.
Ella lucía fino cabello castaño hasta la cintura, el cual trenzaba en dos partes. Se puso tan nerviosa que en esa oportunidad hizo solo una de esas trenzas. Le temblaban las manos de emoción y prisa, e impaciente, con la otra hizo un rosquete el cual prendió con sus hebillas largas, “y ya está; después la haré”, dijo y buscó su saco de abrigo, vio que yo estaba lista y le dijo a Don Mariano, mi suegro, que fuera a la avenida a buscar un auto.
Salió mi suegro casi corriendo, y a los pocos minutos estaba con el coche en nuestra puerta, él se quedó, solo fui con Doña Esther.
A mitad de camino tuve la segunda contracción, de este hijo tan esperado, que nació a las 22.20 hs. de la noche del día 28 de junio de 1961.
Una mujer de 60 años que, por mucho que la vida la haya golpeado, jamás pudo quitarle su fe, ¿en quién? en la Vida.
Si te sorprende leer esto de alguien que ama la muerte tanto como la vida, ya estoy logrando mi propósito, pues para amar la muerte como yo, tienes que amar la vida como yo.
Creo en Dios, nací en un hogar de gente de trabajo. Mi madre fue peluquera como su padre, mi hijo menor y yo. Tuve la suerte de conocer a mucha gente, en cuatro generaciones en el oficio.
Mi madre tuvo un largo noviazgo con un empleado de mi abuelo; el muchacho decidió trasladarse a otra ciudad y el abuelo se opuso al casamiento, y rompieron el noviazgo por carta. Al poco tiempo conoció a mi padre en un baile.
Era el hombre más pintón que ella conociera, y además filosófo de la vida -no de libros- honrado, alcohólico y mujeriego. Ante la supuesta negativa de mi abuelo, como yo me había anunciado, no tuvo más remedio que aceptarlo.
Hasta mis ocho años vivimos con mis abuelos y tíos, allí estaba el negocio de mi abuelo y mamá trabajaba con él. Lo hacía para los gastos escolares y alimentos, y mi padre para alcohol y juguetes, pero fueron buenos
padres los dos.
Había poco tiempo para filosofar conmigo, y él tenía demasiado, así que fue el ídolo, no por mis juguetes, sino por el ejemplo de buen ser humano que fue.
Recuerdo un día en que mamá lo regañó, no mucho, pues lo aceptaba tal como era él, y al resto de la familia. Ese día había llovido mucho y él estaba como siempre haciendo pinta en el zaguán; en eso llega el cartero, empapado el joven.
Tal vez era mayor pero de talla chica, al verlo así le dijo,-”Esperá un momento”.
Al rato regresó con mis botas y capa de lluvia y se los hizo poner, diciéndole a mamá una gran verdad –“¿Acaso mandás a Cati al colegio cuando llueve?”
Nunca se enojaba mamá con él, por estas actitudes, pues ella era igual, eso es lo más hermoso que recuerdo de ellos.
Andaba yo por mis ocho años cuando el abuelo se cansó de trabajar, pues había comenzado de muy joven, y sacando cuentas dedujo que viviría de alguna renta. Por lo tanto, mis padres, se fueron a alquilar una casita para nosotros.
Inteligencia de mamá y benevolencia de los abuelos, pasé a vivir con ellos. Solo los fines de semana los pasaba con mis padres, a los que extrañaba mucho. No porque lo pasara mal, solo que los amaba, eran buenos conmigo.
Mis abuelos y tíos también, a los cuales jamás les di motivos de para que no lo fueran.

Sé que me amaban todos.

De mi abuela Chocha tendría que escribir un libro aparte. Fue el ser más noble y dulce que conocí; también la abuela Tota, madre de papá, fue muy buena. Vivía en otra ciudad, no la disfruté mucho, y la perdí siendo
muy niña.
El alcoholismo hizo estragos en la vida de mi padre, lo llevó a estar internado en un hospital psiquiátrico durante 3 años. No lo pude ver durante ese período, pues estaba en otra ciudad y mamá iba sola a visitarlo.
Andaba por mis catorce años y mi querido tío Aníbal, que amaba a mi padre, tal vez pensó que a mi edad sería un problema para ellos y resolvió ir a verlo para ver cómo estaba, y traerlo a casa.
Creyendo en la palabra de mi padre, de no tomar más, pobre tío, lo trajo.
Cayó peor que antes y no paró hasta su último día, falleciendo a los cuarenta y dos, destrozado.
Lo que mi tío desconocía era mi madurez.
Recuerdo que a los nueve años me pusieron pupila en un colegio, para aliviar a mis abuelos.
Cuando mamá me visitaba le demostraba alegría. Cuando se iba, lloraba en soledad.
Uno de esos días, apoyada en las frías paredes del pasillo del colegio, lloraba amargamente, creyendo estar sola, sentí en mi hombro una cálida mano. Una voz de ángel que me decía, -“¿Porqué llorás así hija?”
Era la madre superiora, a quien jamás olvidaré.
Enjugando lágrimas, le pedí por favor no contarle a mi madre que me había visto llorar. Ella trabaja y no me puede tener.
Me abrazó fuerte, lloró por mí.
Mandó a llamar a mis padres, pidiéndoles que resolvieran sus problemas y que me mandaran solo de día, y que por las noches me llevaran a dormir con algún familiar, si ellos no podían tenerme.

Escuchaba todo el diálogo desde otro recinto.

La madre superiora dijo que daba fe que jamás sería carga para nadie.
Bendije a esa fiel servidora de Cristo, a la que mis padres también valoraron.
Desde mis doce años vivimos en pensiones de gente conocida. Mamá se sentía más tranquila porque no deseaba que a esa edad me quedara sola. Siempre pensaba que los demás me cuidaban y no es omnipotencia, pero reconozco que me cuidé siempre sola.
Esto me alegraba, porque me dio oportunidad de conocer más personas. Sabiendo que de la gente se aprende mucho del comportamiento del ser humano y su filosofía.
Habiendo sido una mala alumna en la escuela, pues no me interesaba en absoluto materia alguna, solo trataba de aprender matemáticas.

Pensando que me ayudaría financieramente.

Eso sí, en comportamiento humano era buenísima, con maestros y compañeras, pienso que era cómoda. Jamás discutía, solo aprendía de todos, lo que para mí era valorable.
Desde niña pienso que la gente mala no existe. En este caso, han de carecer de salud, pues para mí el sano es sabio y el sabio es bueno.
Siempre tuve un lema: “Pacificar las tempestades de mi alrededor, sin permitir que éstas me arrastren”.
Bueno, querido lector, hasta aquí mis partes positivas y mis comienzos. Las negativas que me conozco, y los que me rodean me hacen recordar, no hacen, por suerte, que cambie..
Soy resolutiva por excelencia, creo que todo tiene que pasar por mi visto bueno, soy muy conversadora, aunque no me gusta hablar mal de nadie, jamás insultaría a nadie y no es por falta de motivos. Nunca sabré si soy
cobarde o cómoda. Sé que soy sensible y no soporto las discusiones, así que no las causo.
Cuando salto como resorte es cuando en mi presencia veo una injusticia cometida a un indefenso.
A mis hijos nunca les permití que hablen mal de sus hermanos si no es en su presencia.
De lo contrario, siempre le doy la razón al que no está, diciéndoles que se arreglen ellos cara a cara.
Así soy yo, de tu criterio, querido lector, me enteraré más adelante, pues sino tuvieras nada que decir de mí, habré fracasado, y no nací para fracasar en lo que me propongo.

¿Cuál es el propósito de este libro? Vos lo dirás.

Mi amor

A mis catorce apareció Él.
Por esa edad, me seguían todos, y yo no amaba a nadie, porque nadie había hecho palpitar mi joven corazón.
Hasta ese doce de agosto a las cinco de la tarde, paseando con dos amiguitas. Lo vi, casi media cuadra antes de llegar donde él estaba
parado, en esa esquina.
Les dije a mis amigas
-¡Dios mío, qué churro!
A lo cual, una de ellas dijo
-¿Te gusta? ¡A mí no!
Me salió un suspiro del alma, y respondí:
-¡Qué suerte!
-Lo conozco -dijo una de mis amigas- es del barrio.
Para esto, pasábamos delante de él y quedé muda y cabizbaja, pues pensé que él adivinaría mis pensamientos, sentí sus pasos detrás nuestro y al adelantarse hasta llegar a nuestro lado dijo,
-Qué hermosas flores las tres, me quedaría con la del medio
Se me heló la sangre, y no levanté la cabeza, ni emití sonido alguno. Pero él, entabló conversación aludiendo a mi mudez.
Se pusieron a hablar de cine, nombraron una película que había visto, y eso me dio pie para entrar en la conversación y allí comenzó todo.
Toda nuestra vida juntos sin separarnos jamás. Recuerdo cuando fui a poner las flores en la iglesia para nuestra boda, había allí una mujer que me dijo lo feliz que me veía.
¡Cómo no estarlo! Si me casaba locamente enamorada.
-Entonces has de llorar mucho, cuanto más se ama, más se sufre.
Cuánta verdad había en ella, en cada momento difícil de nuestra vida, recuerdo a aquella mujer, y imaginando cuánto habría amado ella!
Tuvimos que convivir con mis suegros durante ocho años lapso en los que nacieron nuestros dos hijos: A los diez meses nació Néstor Abel y cinco años después, Mariano Alberto.
Vivir con mi suegro fue una gloria; con mi suegra, un infierno.
Tenía buen corazón, mucha honradez.
Cuando estábamos solas era genial, pero cuando llegaban mis padres o visitas, empezaban los portazos, las indirectas, los ataques verbales con palabras educadas pero con filosa ponzoña. Esas agresiones eran constantes.
No me quedó nadie, ni amigos, ni familia.
Lloré tanto en mi habitación mientras él dormía. Me sentí acorralada. ¿Por qué era tan difícil convivir con ella?, me preguntaba.
Primero padecí el odio casi normal de los reprimidos, pues nunca me defendía, ni contestaba.
Recuerdo las palabras de mi madre antes de nuestra boda, llenas de amor, el mismo con el que me crió.
-Cati, vas a vivir con tu suegra, querela y respetala como a mí.
Eso hice, no me arrepiento, pero no podía entender su proceder, me había convertido en su sombra. Jamás pensé en separarme, porque el problema no era con él, que era otra víctima como yo, de su madre.
Jamás le di quejas de ella, para no hacerlo sufrir. Consciente de mi padecimiento, después de nacer Mariano, su padre había reunido un dinero, mi marido otro tanto.
Entonces, él resolvió comprar una casita, cerca de ellos. Somos cuatro en un dormitorio, a lo cual el abuelo dijo
–“¿Adónde queda la casita?”
-Acá cerca y tiene un gran terreno -dijo mi marido.
-Nos vamos nosotros, dijo mi suegro. Y agregó:-Hiciste ésta donde vivimos, así que te quedás vos, precisás la avenida para tu taller.
Como desconocía los planes de mi esposo, escuché petrificada, cómo mi suegra se levantó de la silla con cara de comerse a su esposo, pero inmediatamente enmudeció y se volvió a sentar.
Escuchando a su marido, que nunca hablaba, no tuvo más remedio que callar. El que nunca habla, lo hace para hacer justicia.
Ella no habló más y se fueron los abuelos a la casita.
Allí comenzó la etapa más feliz de nuestra vida. Duró poco, ya que al año y medio a mi suegro le diagnosticaron cáncer. Sufrimos por él, que era un santo. Sabíamos que mi suegra volvería con nosotros. Y así fue.
Cuando él murió, mi esposo me dijo que sabía lo que había sufrido cuando mi madre había estado sola, que no pasaría eso con la de él.
La abuela Esther volvió con nosotros más envenenada que nunca. Vivía porque respiraba, nada más. Por ese entonces, mi única felicidad radicó en que mi mamá conoció a su segundo esposo, Pedro.
Para nosotros fue un amigo, y supe que mamá no estaría sola.
La abuela Esther a los dos años de estar con nosotros, decidió irse al fin a vivir sola, claro llevándose a nuestro hijo Néstor a dormir con ella. Para mí era peor que soportarla.
Hasta que no aguanté más, y le dije a mi esposo que nadie había echado a su madre y que si no aguantaba su soledad, que volviera.
No lo hizo, y recuperé a mi hijo.
Pero ella, siempre encontraba otra víctima.
Así que le pidió a mi cuñada Tutti, su hijo menor Eduardo, pobrecito si habrá llorado, y también su madre, hasta que al fin quedó sola del todo, hasta el fin de su vida, pobre abuela Esther.
En ocasiones lloré su soledad.
La amé mucho, a pesar de lo que hizo sufrir, pues me dio el hombre de mi vida, y mis hijos nunca tuvieron que agachar la cabeza por ella, era una dama.
Cuando nuestro hijo Néstor, tenía doce años de edad, casi queda electrocutado y mi esposo, del susto quedó hablando incoherencias durante una semana.
Pensé en pasar un día de campo para ver si así se recuperaba y no me equivoqué. En esos días, hasta su voz había cambiado. Tenía la risa de loco y al volver del paseo se tornó más normal. Pero él ya no fue el mismo de siempre.

Nunca más

Cada problema que teníamos, le surgían las rarezas a lo cual, mi suegra indagaba, y deducía que

será por esto o por aquello,

con lo cual siempre me hacía sentir culpable de lo que al hijo le sucedía.
Fuimos a un psiquiatra y él se dio cuenta que fui una mujer engañada por su familia y para no destruirme más lo medicaba correctamente y decía que había tenido un shock emocional,

-ya pasará,

bendito Dr.Eduardo Duval, me engañó todo lo que pudo.
Para no quitarme las esperanzas que un día se curaría. Tuvo muchos ataques; nuestra vida fue un infierno. Ignoraba su diagnóstico:

Esquizofrenia.

Nació nuestro hijo Darío, cuando el niño tenía dos meses, le dio un ataque en presencia del hermano de mi suegra que estaban de visita. Internamos a mi esposo por cinco días.
Era el año 1978, y el tío decidió ir a hablar con el Dr. Duval conmigo y el bebé.
Pidió que no me engañaran más, que me dijeran la verdad de la enfermedad de mi esposo

no engañen más a esta mujer. Es su esposa

–dijo-

y ella tiene derecho a saber que a mi sobrino ya a los diecisiete años le habían diagnosticado esquizofrenia.

Recuerdo los ojos del médico, cargados de amor, y piedad con Julito entre los dos, surgió ese abrazo, fraterno y resignado con lágrimas.
Le dije entonces que mi suegra no había tenido piedad de mí, que me había estafado al no reconocer ante mí esta verdad y al hacerme sentir culpable de cuanto le ocurría a su hijo, a lo que el doctor contestó :

-¿Acaso tuvo piedad de él?

A raíz de esa cruel verdad, también nació en mí piedad hacia mi suegra pues comprendí que ella estaba enferma también, pues de ser normal, no me hubiese ocultado tamaña verdad y

¡Cati cambió!

Si no hubiera sufrido así, me habría convertido en la suegra que mi amada nuera, dice que soy! El amor que nos prodigamos con Estela Inés, paga mis penas pasadas y más aún con el regalo de Dios, de nuestro nietito Norberto Manuel.
De no sufrir lo que pasé, ¿Hubiera dicho a mis hijos que solo se casen a condición de amar a sus esposas más que a nosotros?
Volviendo a la vida de mi madre, enviudó casi a los diez años de su Pedro.
Y lo que es la vida, se volvió a casar al tiempo con el que fue su primer novio Francisco, casi ocho años de felicidad, pero enviudó otra vez, y terminó su vida con nosotros.
Tuvo una mala enfermedad, pero rodeada de nuestro amor, se fue contenta viendo a su nieto menor Darío, con su título de peluquero.
Cuarta generación con su profesión.
También con la tristeza de saber que su nieto mayor con treinta y cuatro años, tenía leucemia y tres años después Mal de Hodquin.
Nuestro amado hijo mayor, que perdimos el 26 de febrero del año 2002, con un padecimiento de casi siete años.
Durante veintiocho años mi esposo no levantaba la cabeza con su enfermedad.
Esto me hizo autosuficiente, yo que era blandita como manteca al sol, me hice tan dura, como mi vida me lo impuso.
De lo que me enorgullezco es que en toda mi vida, pasara lo que pasara, jamás me enojé con Dios.
El me premió en gran parte y de manera importante, a pesar de haber sufrido un terrible infarto, hace unos años, con la medicina actual y su buena voluntad, mejoró su salud mental de gran manera. Como para que, en el momento que tuvimos a nuestro hijo tan enfermo y luego su pérdida, encontrara en él, el apoyo para seguir luchando.
Como verás, mi querido lector, no tiré a mi esposo en un loquero y lo cuidé tantos años en casa, aunque daba más trabajo que un niño, y él me apoyó a mí dándome fuerzas, cuando más lo necesitaba; hoy estamos más unidos que nunca porque los dos nos demostramos lo que significa el amor verdadero, por eso nuestro matrimonio es sagrado.
Nosotros, que en toda nuestra vida con carencias de dinero, obviamente por su enfermedad, habíamos hecho solo dos viajes y a crédito.
Al morir nuestro hijo, vendiendo un auto que tenía, hicimos el viaje más feliz de toda nuestra vida, con todo el dinero necesario para todo cuanto se nos antojó.
¿Por qué será? Porque el viaje, nos lo pagó nuestro hijo Néstor, fue el mejor, ¿casualidad?
Estamos seguros que fuimos los tres.

Hay vida después de la muerte

Hay vida después de la muerte. Es la segunda parte de la historia llamada Mi amiga La Muerte, de Kathy Piazzolla.

Veamos la continuación… ¡SÍ!  Cati no escribe para que vos desees la muerte, sino para que ames la vida, que es maravillosa, y es la escuela, con sus lecciones duras y sus recreos ¿qué es la muerte para mí? La graduación mayor, el premio máximo.

Y si vos, te preguntás después de esto  ¿Qué sabe ésta que está tan viva como yo?
mi amiga la muerte ocaso

 Si pensás eso, te explico. No soy diplomada en ninguna ciencia, ni vidente, ni mentalista, o algo parecido. Soy una mujer común, ¿mi única cátedra?: mi vida, mi criterio y la responsabilidad de cuanto digo solo se lo atribuyo a Cati.

¿Qué pruebas tengo que solo muere la carne y no lo que llamamos alma? Los mensajes de mis seres queridos, mi madre, mi hijo y también mi abuelo materno.
Ellos en su momento me respondieron que su alma estaba conmigo, no en imaginación, sino en hechos concretos, reales, palpables.
Mi madre era un ser especial como te conté, lo que no te dije, sobre las facetas de su carácter. Era inquieta, y le gustaba llamar la atención, y aunque su reuma la tenía inactiva, poco antes de morir, desde su silla me dijo “¡Cómo me gustaría que me filmen! así no se olvidan de mí” . No le dije nada, pero pensé qué amor a la vida, quiere vivir después de muerta.
Y así fue. Recuerdo cuando fuimos a arrojar sus cenizas al mar y un ramo de rosas como ofrenda, estaba el agua tan quieta que solo parecía un espejo en esa escollera.
Mi hijo menor Darío, arrojó las cenizas pues era el más apegado a ella, y el más dolido.
Eramos cinco en total aquel día. Cuando comenzamos a emprender el camino de regreso entre las piedras, surgió una ola que le calculamos unos cuatro a cinco metros.
Nos quedamos paralizados, quedamos dentro de ella. Sentí pánico, me pareció que éramos deportistas de surf, sólo nos faltaba la tabla.
Menos mal que una ola dura instantes. Sin hablar y muertos de miedo, nos tomamos de la mano y tuvimos prisa en subir a un lugar más seguro.
Allí arriba, mi hijo Mariano dijo

–¿Viste lo que nos hizo la abuela? ¿Nosotros la despedimos?,  no cabe duda, tu madre siempre tiene la última palabra

Esto causó que nuestro ánimo cambiara, principalmente Darío. Empapados, volvimos al auto, muertos de risa.

¿Casualidad?

Suponiendo que así fuera, a mi madre la encontré agonizando (el día que falleció) a las siete de la mañana.

La noche anterior, a las doce de la noche la había dejado consciente.

Pobrecita, me pregunté

–¿Desde qué hora estaría agonizando?

El día que se cumplió el primer aniversario de su muerte, quedó paralizado mi reloj a las tres de la mañana, ¿casualidad?

Cuando ella enviudó por tercera vez, le quedó un departamento en otra ciudad, el cual, vendimos y ella quería que compráramos otro para mi jubilación.

Por ese entonces supe aunque no estaba enfermo nuestro hijo Néstor, que él necesitaba un empujón y le pedí a mamá que más bien le comprara un terreno a él.

Trabajaba yo, y el tema para salir adelante era sentirse dueño de algo, no con muchas ganas mamá accedió.

Tuvo su propiedad donde a su modo, y hasta que enfermó, planificó allí su felicidad.

Consiguió hacer su taller, y por esas corazonadas de madre, fue feliz.

Hoy, al faltar nuestro hijo, se cumple el deseo del alma de mi madre, y nosotros tenemos una pequeña renta de esa propiedad, ¿casualidad?

Cada vez que iba a la casita de nuestro hijo, a limpiar sus cacharros, pues cocinaba allí, y dormía en casa, le decía siempre lo mismo, que había que reparar esa casa que se caía a pedazos. En tu lugar, traería a un obrero, y  arreglaba las chapas, el aglomerado y tirantes.

A lo cual, mate entre medio, la respuesta era la misma.

-Mamá, goberná en casa, no tiraré este aglomerado.

Cada semana discutíamos lo mismo.

Al tiempo que falleció, nuestro hijo Mariano contrató a un obrero para hacer limpieza y poder alquilar.

Como siempre desde mi casa dije a Mariano,

-Decile al obrero que comience derribando los aglomerados, después dirigilo vós

¿Sabés qué ocurrió?

En nuestra casa solo en un baño hay un techo con aglomerado colocado por nuestro hijo Mariano, con clavos bastante grandes, en tres cuerpos.

El mismo día que el obrero derribaba estos aglomerados en la casa que fue de nuestro hijo, en casa, me levanto de la siesta, entro al baño y veo en el suelo uno de los tres cuerpos del techo, que había sido clavado con cinco clavos inmensos, en el suelo.

Comencé a reír como loca, sola claro, pensando, hijo ¿lo hiciste vós?

Supe que sí. Desde ese día, ya no lloré nunca más amargamente.

¿Casualidad?

Quiero aclarar que desde que nuestro hijo falleció no teníamos consuelo. Eso es normal.

Estamos preparados para perder a nuestros mayores, no a los hijos, y un día desconsolada, y no creo estar loca por hablar de esto, hablaba con mi hijo fallecido, y le pedí con el alma.

-Hijo, solo encontraré consuelo, sabiendo que en el lugar donde te encuentras, estás bien. Pero ¿cómo saberlo?
Solo vos podes darme un signo, un mensaje, si así fuera, no lloraría más, al menos así

No recuerdo cuánto tiempo ocurrió en que yo suplicara a mi hijo, por este signo de vida en ese plano, hasta que vi el techo derribado, pero sé que solo fue un corto lapso.

Tal vez piensas que soy novelera, e imaginativa.

Tampoco te equivocas. Pues lo soy. Pero a estos casos que me ocurrieron no los atribuyo a mi imaginación.

Otro de los motivos que me impulsan a escribir este libro, es que he comprobado, en un sinnúmero de casos, es que el ser humano tiene lo que desea con alma y vida. Lo ve cumplido cuando su alma tiene su propia vida, lo explicaré más adelante.

Y sobre este caso, recuerdo el deseo de mi abuelo materno Reginaldo, se ve que fue con alma y vida! de que alguno de sus nietitos siguiera su profesión,  observando que al tener tres varones, estudiarían otras profesiones.

A mis doce años

A mis doce años más o menos me dice con su tono autoritario que lo caracterizaba: –

Cati, usted tiene que seguir el apellido

A lo cual contesté, que ni soñara que iba a seguir con esa profesión. Quiero ser una  mamá, dije Y lo fui, también peluquera, pero no como ellos con negocio instalado, sino con un número de clientes en casa como para ayudar a mi esposo enfermo, pero se cumplió el deseo del nono.

Nuestro hijo menor, Darío, lo instaló por mi vía de herencia, se siguió con el apellido.

Sabés por qué digo que se cumplió su voluntad, porque él escuchó sus anécdotas y  particularidades. Y es tanto lo que admira su personalidad, que al negocio, le puso su apellido y no solo eso, hizo poner un gran cartel con su foto y otros empleados caminando por la costa. O sea, que en su vida, y en su negocio o caminando por la costa, jamás su foto estuvo tan alta.

¿Casualidad?

Me parece que ya son muchas en mi vida,¿No?

Había escrito unas cuantas páginas de este y comprobé que había cometido muchos errores  de conceptos primordiales, para que ésta sea una verdadera comunicación contigo.

Rompí muchas páginas para esto, hoy comprendo que me ocurriría este acontecimiento  que también encuadro y valorizo como el más significativo mensaje de nuestro hijo fallecido:

Como ya te mencioné, la vida con un enfermo mental no es nada fácil y aunque uno  sea cuerdo, creo, también a veces desestabiliza y se olvida que su compañero no es par. Ahí se comete el peor error de hablar como tal, como en otras oportunidades, en un momento de sus caídas, esta vez se me fue la mano y le dije en un momento de furia, que lo amaba, eso era verdad, pero que nunca había sido feliz como mujer a su lado.

Estaba dispuesta a vivir con él, pero en compañerismo; que no encontraría más la  mujer en mí, pues estaba cansada de fingir.

El, por supuesto se puso peor, pero a los dos días de pronunciar esta determinación irrefutable, lo que me ocurrió me dejó perpleja.

Uno se conoce lo más que puede, hay en uno, hechos que lo hacen dudar, si los pudo  realizar o no, pero creo que a todos nos debe ocurrir, hechos que uno sabe que nunca cometería, por su propia conformación y su historia personal.

He conocido personas, no sé, si de mi religión, lo harán. Estas eran de otras, usan una  Biblia para llevar a su culto que mantienen con señaladores, pero usan otra a la cual, marcan con lapicera, en fin, la usan como elemento de estudio.

Me lo han mostrado, a lo cual yo no he hecho ningún comentario, ya te dije que no  me gusta criticar a nadie. Pero sí, pensé, cómo pueden!

He marcado muchos libros, pero mi Biblia, sé que jamás la marcaría, pues lo tomo, atención, es mi juicio, como una falta de respeto a la Palabra del Señor, y jamás la tomé en mis manos, en cuarenta y dos años que la tengo, sin lavármelas antes, la he señalado siempre con papelitos señaladores etc….pero  sé que jamás la marcaría.

Estoy segura de esto, con lápiz o lapicera alguna.

Como te anticipé en el comentario que me dejó perpleja, fue cuando al tomar la Biblia  buscando información necesaria para estos temas, la abro al azar, y veo señalado con  lapicera en el Cap. 5 de la Epístola a los Efesios, en el versículo 31 donde dice,

Y  serán los dos una sola carne.

Esto no es todo, también otras dos cruces, solo el título del Cap. 6. Deberes de los  hijos y de los padres, solo el título.

En ese mismo instante pensé que nuestro hijo me hizo ver que no nos quiere ver  desunidos, como te dije muchas casualidades.

Teoría de la vida

Querido lector, si he sido muy extensa en contarte mi historia, te anticipé que soy charlatana, pero si aún no te he aburrido, lo que sigue nada tiene que ver con mi vida sino con la teoría de Cati sobre lo que somos y lo que es la vida y la muerte.

Dejo en claro que me he inspirado en solo cuatro de las Leyes fundamentales de la Naturaleza del Universo.

Estas son: Energía – inteligencia – Evolución – Polaridad y de éstas forme mi propia teoría.

Energía
Lo que a continuación relato metafóricamente pues solo se lo atribuyo a mi imaginación,  dejo en claro que cuando me refiero a Dios lo hago con el mayor de mis respetos  hacia lo que teológicamente es para todos, al menos para los creyentes, nuestro Creador, Divinidad absoluta y el único con derecho a saber quién es El en realidad.

Nos ha dado a su único hijo, Jesús, para que nos juzgue, también a Cati, y algún día  conoceré lo que me tiene que decir, no solo por este libro, sino por todas mis acciones.
Pero hasta que a su juicio llegue, como a Dios no lo vi yo, ni nadie, tengo el derecho  de imaginármelo como me plazca. Cati cree que Dios también tuvo un principio ¿cuál? ¿no  es acaso la Energía e Inteligencia mayor del universo? Tomo como referente el estallido de esa masa o Big Bang, (perdónenme mi ignorancia al respecto pero no soy científica en nada, como ya lo mencioné) después de un estallido sabemos que es una expulsión de energía antes de gravitar, para simplificar me referiré a sus átomos, solo a ellos, no al espin que sería la medida más pequeña de los elementos, dije antes de gravitar, no sé cuanto tiempo, tal vez no fue más que un segundo de nuestro reloj, antes de gravitar, repito, la energía era expulsión, yo me imagino que como toda energía forma chispas, en el instante de la expulsión todas las chispas energéticas de esa explosión fueron disparadas, o sea cada chispa tuvo su despegue y su independencia hasta que, cuando sabrá Dios, se formaron las gravitaciones y, al formarse estas ondas hubo dos chispas que se ensamblaron.
¿Y las demás perdidas en el espacio las vieron brillando más? y rumorearon a lo cual,  las que estaban juntas, tomaron conciencia que eran más, y una le dijo a la otra.
“Dicen que somos dos”, las curiosas se unieron a ellas a lo cual ya eran muchas más,  y estas chispas más pequeñas, se querían tomar olímpicamente el buque, cuando el grupo  de luz que ya tenía mucha energía se percató que estas se alejaron les dijeron, ¡he!  donde van.
Vengan con nosotros, a lo cual las cobardes les responden, ¿para que nos quieren, de  qué sirve un cobarde?
Dice la luz, pueden sernos útiles y además queremos saber qué es la cobardía. Y les  aclaro, que sin nosotros ustedes mueren, las pequeñas cobardes no dudaron más y se les unieron, con la evolución de quien sabe cuánto tiempo esa luz energética fue creciendo cada vez más.
Junto a sus pequeñas cobardes y evolucionó tanto que supo que tenía que tener nombre,  pues era más grande que todas las chispitas sueltas que quedaron en el espacio por  ser más miedosas, que las cobardes compañeras y juntas recordaron su primer comentario.
Dicen que somos dos a lo que Cati, piensa que usaron esa frase a su gusto. Así que,  las más decididas valientes y cobardes eligieron pensar ¿qué darían para evolucionar? y  cada una eligió una letra de esa frase primitiva y formaron esta frase. (Las primeras chispas formaron su nombre): DIOS

Si este cuento te parece disparatado

QUE DEN COSMOS
DICEN QUE SOMOS DOS
Aclaro que las cobardes, son el polo negativo.
Si este cuento te parece disparatado te cuento que lo que Cati comprobó en toda su  vida es que la imaginación humana no conoce fronteras.

Inteligencia

Hermana gemela de la razón y madre del pensamiento lógico, a esta altura de los conocimientos del hombre común, no creo que nadie desconozca, que hay dos inteligencias.

La universal y la humana cerebral o carnal.

De la primera, por supuesto no sabemos ni medio, pues somos humanos. Pienso que  la Universal nos supera porque el Universo fue creado antes que el hombre. Y como dicen  ¡el viejo sabe por viejo!

Y sobre las diferentes inteligencias humanas, ¿quién se atribuye ponerle un rótulo a  persona alguna, como al más?

Hay personas en todo el mundo que han hecho grandes descubrimientos útiles a toda  la humanidad.
Gente que ha recibido Premios Nobel, por ciencia, medicina, literatura, arte, etc.

¿Acaso sabemos si estas personas mundialmente admiradas, fueron sabios para educar  a sus hijos?

Y no me refiero a si ellos cultivaron la gentileza o la cultura.

Me refiero a si lograron despertar en ellos la sabiduría de elegir ser buenos seres humanos.

Recuerdo cuando se anunció la llegada de nuestro único nietito. Todos los de la familia  y amistades nos decían que sea nena, que sea varón, que sea sano. Le formulé mi  deseo a Dios, y se cumplió.

Rogué primero, que sea bueno y si tiene salud, la bendición será doble, pero primero  que sea buen ser humano.

¿No crees que hay tanta gente rebozando de salud? Física por supuesto. Y no son buenos,  como ya lo mencioné, no tienen tanta salud mental sino serían buenos.

Creo que cada uno de nosotros tiene su inteligencia dirigida a lo que más le interesa,  por ejemplo, te contaré qué pienso del ser humano.

Tenemos dos proclamas de Libertad, solo dos. El llanto en soledad y la masturbación.

Cuando una persona proclama a su alma libertad, llora en soledad, pienso que el llanto  en compañía es solo una necesidad de consuelo y en ese caso, no creo que la proclama  sea de tu alma, pues tu alma es solo tuya, y es en ella que quieres encontrar descarga.

Y respecto a la masturbación, pienso que nada tiene que ver, con algún apetito sexual  reprimido, sino que es toda tu sangre la que no aguanta más en un momento de atadura  moral, desilusión, frustación, etc…. y en este campo liberas tu sangre de todo esto, ¿o acaso dejas que participe persona alguna en este acto?

Así pienso, en el llanto en soledad estás pidiendo Justicia al Universo, y en la masturbación, la pides al ser humano que te rodea.

Si todavía sigues leyendo, puede ser que lo que sigue te interese más o no, llevará tiempo, pero me enteraré de todas formas.

Evolución y polaridad

Evolución y polaridad, es parte de la historia contada por Kathy Piazzolla. Podemos ver más en Mi amiga la muerte.

Evolución. ¿Alguien cree que la misma se detiene en caso alguno? Podría citar muchos ejemplos, pero no tiene sentido, solo citaré uno.

No soy buena para retener fechas, solo hechos, hace no muchos años, se creía que nuestro sistema solar era único. Hoy se sabe que es solo uno de tantos, y lo comparo con las cifras numéricas que no tienen fin. Tomando solo una pequeña parte de arena en la playa.

¿Podremos imaginar cuántos granos de la misma hay en nuestro planeta?

Si alguien me dice, que sí se podría contar, haciendo algo así como un censo, ocupando millares de personas, les respondo que antes que éstos terminen la tarea, las que fueron caracoles y rocas en el mar, ya se estarían desgranando.

Solo con este ejemplo, sabemos que la evolución no tendrá fin jamás.

Polaridad

Es una ley que rige, no en algo de nuestro mundo sino en todo. Y en esto no me refiero al termómetro o los cambios atmosféricos, sería muy vulgar citar solo estos.

Tomemos como ejemplo,

  • ¿Cuántos cambios de carácter tenemos en un día, o en instantes, ante un susto o alegría?
  • ¿No se polariza la temperatura de todo nuestro cuerpo?
  • ¿No es polaridad acaso que un acontecimiento te calme y otro te sulfure?

Personalmente, a lo que he puesto más atención en este campo, es la lógica razón humana.

Será por tantos años de convivencia con un enfermo psiquiátrico, lo que más he leído en treinta años es todo cuanto estuvo a mi alcance, sobre psiquiatría y psicología. Como es sabido, la primera trata la química cerebral y la segunda la personalidad de cada individuo.

Con todo lo que la ciencia avanzó y vale mucho eso, ¿cómo es posible que a esta altura haya enfermedades psiquiátricas con diagnósticos equivocados?

Lo digo con conocimiento de causa, ya que a una joven de mi propia familia, le diagnosticaron esquizofrenia durante diez años y luego descubrieron que es bipolar, creo que la habrán medicado correctamente, pues para estos casos habrá remedios muy concordantes ¿y qué me cuentan de su terapia?

¿No serán otros los códigos de ese tratamiento del diálogo entre sicólogo y paciente?

He notado, que después de semejante equívoco, lo que hoy padece la joven, es desestabilidad Pues en estos enfermos justamente, y en el mayor de los casos es que ellos necesitan encontrar cordura y seguridad en sus médicos, ¿no?

Sigo refiriéndome a la Polaridad, en este caso y principalmente, y con lo que te puse por ejemplo cómo saber siempre, no los médicos, sino todas las personas, como es psiquiátricamente normal un individuo con el cual dialogamos, compartimos. Vivencias cotidianas, si hasta la razón humana sana y lógica, también se polariza, no a veces, siempre.

Vos te encontrás con alguien que siempre consideraste cuerdo y escuchas de él un comentario que te suena disparatado, ¿o no?

Mi teoría respecto al ser racional, es que razonará, que no siempre tendrá razón, y en ese caso en ese instante su Polaridad estará a buen nivel.

Lo que relato a continuación nada tiene que ver con religión alguna, aunque yo pertenezca a una y sea feliz por ello.

He leído sobre Teología, en general lo bastante como para decir y asegurar que lo que pienso es solo mío, pues no he leído en ningún libro cosa alguna, que me haga sentir una fotocopia, de ser así, no hubiera comenzado a escribir éste.

Como me he referido anteriormente a las Leyes Fundamentales de la Naturaleza Universal y basándome en estas cuatro, Energía, Inteligencia, Evolución y Polaridad.

Sabiendo que existen muchas más pero mi teoría se funda en éstas.

Creo que en toda la atmósfera, hay un sinnúmero de porciones que contienen éstas.

A lo que cotidianamente se le ha dado el nombre de Alma, y no soy quién para quitarle crédito a ello. Quiero llamar a estas porciones E.I en E.p. (Energía Inteligente en Evolución Polarizante) cuál es la porción canónicamente hablando que le corresponde a cada ser humano, solo Dios lo sabe pero no me interesa conocer su cantidad, sabemos que cada ser tiene la suya.

El concepto que tengo al respecto es que estas porciones, de E.I en E.P, por supuesto inorgánicas y cargadas con su propio destino, lo que las mueve es su propia evolución, a mi entender muy superior a la evolución humana, pues nos ganan en tiempo de formación.

Para Cati

Cada una de esas porciones de E.I en E.P disparadas con destino y su evolución particular, elige ensamblarse a la copulación humana y convertirse en única, justamente para cumplir su destino. Pues sabe que no tiene personalidad porque no es persona en el ensamble con un ser humano que se va a gestar.

Aprenderá cómo piensa un cerebro, cómo siente un ser carnal, y al convivir con este ser toda una vida no importa cuánto viva ese ser, aprenderá.

Justamente, lo que necesite, y cuando, -atención sepa que ese ser humano ya no quiera aprender más nada, esta porción de E.I en E.P, decidirá terminar con la vida de ese individuo y para comparar figurativamente, como un excelente ladrón, se llevará con ella la mejor parte de esa persona, no solo su vida, sino su experiencia, su almacén de memoria, es decir la evolución total de ese ser.

Y reinvindico a esta porción de E.I en E.P porque no se robó nada, bien se la ganó, al compartir toda una vida con ese ser, lo único que hace es cobrar lo suyo, ¿o no le dio a ese ser mientras convivieron toda la inteligencia del Universo para que, siendo vivo y carnal usara la intuición? Creo que se la dio ¡al elegirlo!

Y al decidir terminar con la vida de esa persona, se fue con doble vida.

Porción de E.I en E.P era pero virgen al conocimiento humano y al llevarse ese almacén de vivencias, se convirtió en un ser doblemente evolucionado, y solo Dios sabrá cuánto ha de evolucionar, teniendo la porción de E.I en E.P del universo más la memoria de un individuo de este Planeta.

Querido lector, a esta altura sabrás por qué creo en la vida después de la muerte.

Lo que muere es la carne, no la memoria de un ser, pues no partió solo, se lo llevó, la porción de E.I en E.P

¿Para qué?

Para seguir evolucionando y juntos en ese plano tendrán otras tareas, seguro, muy superiores a las que humanamente podemos realizar.

Yo personalmente, creo que se convierten en ángeles o algo parecidos a ellos.

Quiero que sepas que no les atribuyo a esas porciones de E.I en E.P ningún poder propio, sino más bien creo que son enviadas por Dios, a cumplir esa misión, porque el Señor quiere, creo, que todo cuanto existe, evolucione.
A todo esto, quiero acotar, que el ejemplo máximo está en la Biblia.

Dios, ¿no es acaso toda la E.I en E.P?

Y desde su propia creación, él mismo con su sabiduría, tuvo que evolucionar tantos millones de años, para darse cuenta, que únicamente, siendo él mismo, hombre, nos juzgaría justamente y decidió ensamblar su Espíritu Divino en el vientre de la Virgen María.

Decidió que solo su hijo nos juzgaría a vivos y muertos y sostengo que los únicos seres que me causan lástima son los que no creen en Jesús, pues solo a través de su sabio juicio y nuestra fe en él llegamos a conocer el Reino de Dios.

¿Quieres un ejemplo mayor que ese para darte cuenta que es la Energía la que elige su porción de carne?

Bueno, ya te diste cuenta de la imaginación que tengo, y cómo mi vida no fue, ni es un lecho de rosas. Soy tan empecinada, que no le daré el gusto de que me convierta en amargada, jamás.

Néstor Abel

Te pido disculpas por decirte que no hablaría más de mi vida, pero lo que a continuación relato es mi homenaje a ese hijo tan amado Néstor Abel, y el hecho de contarte significativas vivencias personales con él, lo es.

Siempre le dije que lo amaba, él a mí también, desde que nació. Pero fijate lo que me ocurrió.

Como te conté, semanalmente iba a su taller a hacerle una buena limpieza de los utensilios que usaba para cocinar y su heladerita. Atendía a sus clientes de la gomería, y tenía una pequeña oficina a puertas abiertas, desde su silla veía la calle, equipo musical a su izquierda, mesita con papeles, a su derecha mate y pava.

Tenía yo mi ritual de trabajo, cuando llegaba, siempre limpiaba sus cacharros. Luego, hacía un descanso.

Seguía con el resto hasta terminar, a lo cual decía siempre jocosamente a sus amigos, que cuando iba yo a limpiar no encontraba ni el compresor.

En esos descansos míos y mateadas con él, me ponía un rato música a mi gusto, y luego cuando me retiraba, ponía su música bailantera. Nuestras conversaciones, variaban.

Según el momento, pero la última vez que tomamos esos mates en su oficina, me salió algo que solo me lo expliqué después que él partió, del centro de mi alma.

Le dije,

¿Negro, vos me podés explicar, por qué soy tan feliz cuando vengo aquí? No me lo explico porque trabajo más que en casa
Te doy un ejemplo,

Si en este momento viene una persona y me dice,

Te cambio esta mañana con tu hijo por medio millón de dólares, o por cinco millones de dólares, les digo, NO acepto.

Llevate todo ese dinero, esto no tiene precio.

Digo, -“¿hijo, tanto vales?”

Jamás olvidaré que en sus ojos encontré más de todos esos dólares que circulan por el mundo. No emitió palabra alguna, solo me miró.

Justo nuestra última mateada juntos en ese lugar, que fue su nido y ¡fuimos tan felices!, como dije muchas veces.

¿Casualidad?

Y este capítulo de mi vida, también es un homenaje a este hijo, dejo en claro que el verdadero homenaje es a la voluntad de Dios.

Ya veía el fin. Pero como dicen, nadie más ciego que quien no quiere ver. De sus casi siete años de enfermedad, los últimos tres y medio, me lo pasé casi siempre internada con él.

Fijate la omnipotencia mía que gracias a Dios, la tengo asumida, le había pedido que si me lo tenía que llevar, me lo arrancara de mis manos y lo daba por hecho. Por esa razón, iba a casa a descansar, cuando no podía más.

¿Cómo el Señor no iba a cumplir mi voluntad, si nunca me aparté de su camino?

Pero Dios hizo su voluntad, y Cati la aceptó.

Hoy estoy escribiendo esto, en uno de los tres últimos días que nuestro hijo vivió con nosotros en casa, ya que su última internación fue más o menos de cuatro días y el fin. Cuando lo interno en estado deplorable, al ponerle suero, revivió (como tantas otras veces), con lo cual me vine a descansar a casa.

Al otro día era domingo, les dejé la comida hecha a todos, y les dije que volvería para el almuerzo.

Cuando llegué estaba en la sala, con el tubo de oxígeno y llamé a casa diciendo que me quedaba con él, fueron veintiseis horas a su lado, las peores de la vida de los dos.

Le ofrecía a beber algo y llorando se sacaba la máscara y me decía,

Aire, vieja…

Tuve ganas de arrancarme los pulmones míos, para dárselos pero ¡no podía!

Después de ese día interminable, el lunes casi al mediodía deciden llevarlo a terapia.

Se sacó la máscara y me dijo con autoridad –

Andá a casa a descansar

Hice caso. Tranquila en terapia no me necesitaba.

Dormí unas horas y antes de ir a la visita de la noche, me tomé la presión y era el único papel de ese registro que tenía en mi cartera.

Comento que entre mis clientes mayores, hay muchas que lo conocen de niño, ésta que menciono lo conoció no hace muchos años.

Le tomó tanta estima que siempre recordaba el día de su cumpleaños, por cumplir ella también en esa fecha, y siempre le traía un regalo, y en su último cumpleaños, trajo una afeitadora espectacular, que mi hijo adoraba, jamás había tenido una tan buena.

Cuando entro esa noche…..la última… a terapia y lo veo con respirador artificial y sus manos atadas, di un paso atrás, quedé dura, pero inmediatamente me olvidé de mí, y solo pensé en él, en darle lo mejor de mí, aunque hubiera querido salir de allí a llorar a gritos.

Tomé conciencia, me acerqué a él, y le dije;-

Negro, con tantos aparatos, tus pulmones mañana estarán destapados

El me miró, no lo podía mirar a los ojos, tenía miedo de transmitirle mi miedo y comencé a hablar tonterías.

En eso se acerca la enfermera y dice:-“Señora su hijo solo tiene jabón, tráigale usted, desodorante, shampoo y afeitadora”, y se retiró.

Cuando Néstor escucha la palabra afeitadora, con su mano derecha atada, y con la expresión de sus ojitos me hizo señas que no, enseguida me di cuenta lo que quería expresar.

Le dije:-

Hijo, no pensarás que te voy a traer aquí tu afeitadora especial, ahora te compro una común

Dicho esto, ví un alivio tremendo en todo su ser, por esa afeitadora, que él hasta en ese momento cuidaba tanto, pensando que allí se perdería. Me hizo pensar que de esa saldría, como de tantas en las que estuvo tan grave.

¿Quién piensa que alguien se moriría a las siete horas, cuando cuida su afeitadora?

Le compré lo que la enfermera indicó y le dije

-¿Quieres que me quede en la sala?

Tuvo un gesto de duda, tal vez veía el fin, pero yo no lo quise ver.

A lo cual dije, naturalmente, mejor me voy a casa a descansar, así como te conozco, vos también descansás, sabiéndome en casa. Antes de irme, él me hacía un gesto señalando su boca y su pecho.

A lo cual le dije,

Hijo, no te esfuerces en explicar lo que no puedes

Recordé el papel de la farmacia lo apoyé en mi billetera y le dije.

Si podés escribirme aquí, lo que querés decirme

¿Sabés lo que me escribió?

Sigue: Te quiero

Casi inmediatamente, salí de allí al pasillo a llorar amargamente, pero ciega, no quise preguntar a nadie sobre sus posiblidades de vida. Cansé a todos los médicos y enfermeras del Hospital, durante casi siete años, ese día…..no pregunté absolutamente nada y  me vine a casa a dormir….

El falleció a las cuatro y treinta y cinco de la madrugada, sonó el teléfono y no lo escuchamos. A las seis y cuarenta y cinco suena otra vez. Estaba despierta.

Una enfermera me dice,

Señora la llamamos a esa hora pero nos contestó el contestador.
Dice el médico que pase por el Hospital.

Tampoco pregunté más. No sé de dónde saqué tanta calma, le dije a mi esposo, que  para nada bueno nos habían llamado. O nuestro hijo agoniza o ya no está.

Estate calmo, prepará el mate, me daré una ducha para que no suba mi presión. El dijo de  acompañarme,

¿Cómo vas a ir sola?

Le dije que pasara lo que pasara tenía que cuidar su salud. Noté no estar arrebatada, tampoco inerte, actuaba como una autómata. A la media hora estaba en el Hospital, entro a terapia cuando veo la cama de mi hijo ocupada por otra persona, no necesité saber más.

Busqué a la doctora de turno y le increpé diciendo:

¿Mi hijo murió?
Sí, señora, dijo ella.

A lo cual respondí.

Lo cuidé tantos años y murió solo….
No señora, agregó, murió con todos nosotros

Me asombraba de mi inercia, no sé si era mi paz, pero no podía ni siquiera llorar. Pregunté cuánto habrá sufrido para morir, si no podía respirar ni con los aparatos.

Pobre hijo mío.
A lo cual la doctora replicó, -“Quédese en paz señora, no lo dejamos sufrir, cuando el  respirador está al máximo y no alcanza, los dormimos para que pasen de un sueño a otro.
Le pregunté si estaba en la morgue. Me asintió.

Emprendí el camino hacia ese lugar, y me detuve antes de entrar. Fijate que cambió en  mí, supe que me haría mal verlo allí, tal vez entre otros, y resolví volverme a casa y después de darles por supuesto la noticia a todos, mis otros maravillosos hijos, dijeron:

Mamá, ahora lo haremos nosotros, vos diste a nuestro hermano hasta tu último aliento,  ya no te necesita.

Supe que tenían razón.

Le hicimos poner su ropa de correr en moto y parecía que solo dormía… había una  expresión de paz en él.

Tuvo muchos amigos….pero solo dos amigos desde su infancia, Rubén y Alberto.

Ellos en vida de mi hijo no fueron amigos entre sí….

Pienso que los dos tuvieron celos pues querían ser el más….Cuando los vi llorando  juntos y abrazados, me acerqué y les dije….si no sabían que a los dos quiso por igual, no podría haber elegido a uno de ustedes.

Quiero agregar que soy amiga de la muerte.

Porque el ser humano al llegar a ella, ha evolucionado, en Energía e Inteligencia y ha  cumplido con su Ley de Polaridad desde que nació.

Soy Amiga de la Muerte, porque llevó a todos mis seres queridos, que estando enfermos,  sufrían y también a todos los sufrientes de la humanidad, y porque no a todos los animalitos que están viejos o enfermos y también a las plantas que nadie cuida.

Pero, ¿cuándo descubro que soy amiga de la muerte? Cuando se llevó a nuestro amado  hijo Néstitor, y gracias a ella no lo vemos sufrir más.

Pero amo la muerte, porque en ella vive nuestro hijo, y estoy segura que con el carácter  de él, tan obstinado, ya la debe de haber convencido para que ella no sea tan tétrica  para nadie.

Y vos lector, no le temas que cuando te toque llegar a esa casa…. encontrarás en ella………

A tu mejor amigo.

Reflexion final

Hoy veintiseis de febrero del año 2003, me encuentro levantada buscando tareas y realizándolas, son las dos de la mañana, y pienso por qué quiero quedarme levantada hasta las cuatro y treinta cinco que, es la hora que nuestro hijo, transcendió a esa nueva vida. La única respuesta que me doy es que tal vez quiero con esto calmar mi sentimiento de culpa, por no haber estado con él cuando ocurrió.

Pero sé que la culpa no sirve de nada, y más sabiendo que uno ha procedido en la vida lo más honradamente que pudo y entonces busco una segunda pregunta, y me digo,

¿no es que me falta comunicarme contigo lector, para hacerte saber qué es para Cati el amor?

He escuchado muchos conceptos sobre el tema y con muy buenos fundamentos, me han  dicho, que el amor es un aprendizaje que nunca termina. Y vale.

Me han dicho que el amor es un sentimiento y vale. Personalmente, pensé siempre  que el amor es responsabilidad, o sea si amas a alguien quieres cuidarlo en la medida que puedas, y el otro te demuestra que tu le haces falta y vale.

Pero hace poco tiempo escuché a un profesor amigo, describir la palabra compasión.

Dijo:

Tengan en cuenta que no significa lástima, sino sentir con el otro.

Y para mí vale más, ensamblar la compasión con los seres que amo, que cualquier otra manifestación de mis sentires, pues me he dado cuenta, que el verdadero amor es el que te hace sentir feliz porque el ser que amas lo es y sentirse desdichado cuando él sufre, en definitiva, he reflexionado hoy a estas horas, y por supuesto comparando, mis más grandes momentos de dolor por él, que como ya te he contado fueron terribles, por verlo sufrir con sus dolores y tratamientos tortuosos.

Y no sumo a estos el momento de su partida por que fue más positivo saber que ya no sufriría más, que mi dolor de haberlo perdido, pero hoy comparo, mi dolor por el dolor de su cuerpo sufriente, fue grande, pero, recuerdo, el día más amargo de mi vida ¿sabés cuándo ocurrió?

El corría en Cross. Algunos premios ganó y fuimos felices.

Después enfermó. En una etapa de recuperación, preparó su moto, se preparó e invitó  a sus amigos y a todos nosotros, y nos dijo que volvería a correr.

Fuimos todos al circuito, creo que a todos nos debe haber ocurrido lo mismo.

Estábamos subidos mentalmente con él en su moto. Solo dio unas vueltas, para ver si  podía saltar.

Cuando vio que no podía, pasó de nuestro lado, detrás del alambrado, y vio correr a  los otros, que tenían salud.

Lo vi en sus ojos, encontré a un niño, frente a una heladería, muerto de sed, y sin una  moneda para su helado, era su alma la que sufría y la mía también.
Sé que ese día sufrí más que cuando murió.

No sé qué razón encontraras a este pequeño libro…..
Pero te cuento, cuál es la mía.
El deseo más grande de la vida que aún me queda, es que este libro trascienda al mundo entero.

Él estará en su moto en la tapa, así verá cumplido su sueño, este hijo maravilloso y  esta madre que tiene vocación de madre hasta después de la muerte…

De vos depende… si hablás bien de mí, recuerda que gracias a vos en el cielo, hay un  ángel que corre su mejor carrera….

Néstor (Pilito) Iglesias.

Hijo
El recuerdo de tu vida….
es el misil
que mató… mi muerte
mamá

Fin del libro

Concluye esta entrega de Evolución y polaridad. Es nuestro deseo que hayan leído estos textos realizados con mucha entrega.

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